El Teatro Calima, un fantasma en plena Avenida Sexta.

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Crónica

Por: Víctor H. León

victorhleon@elrelojcultural.com

Curiosidad y dolor, eso es lo que me causa el Teatro Calima, el antiguo templo del buen cine que ahora es una iglesia cristiana. Su letrero rojo, desteñido y viejo que dice ‘Calima’ es lo único que uno ve cuando transita por la Avenida Sexta donde comienza el barrio Granada. ¿Sobrevive? No, es un fantasma del pasado que se resiste al olvido.

Foto: Archivo Diario de Occidente Teatro Calima (1990)
Foto: Archivo Diario de Occidente
Teatro Calima (1990)

El tradicional Teatro Calima fue uno de los más importantes en los 70s, 80s y 90s. Hoy, como tantos otros tradicionales de la ciudad, está convertido en una iglesia cristiana. Allí funcionaba a principios de los 70s el Cine Club Nueva Generación que les proyectaba películas a los apasionados del cine que vivían en el “nortecito”, lugar que le competía al Cine Club del Teatro San Fernando de Andrés Caicedo.

Apolinar, dueño de un pequeño negocio de dulces cerca del sector, nos cuenta con algo de nostalgia y alegría en su rostro:

–Salíamos del teatro en la madrugada, veíamos buen cine-.

El dueño del lugar se llamaba Galindo Buenaventura (ya fallecido) y es recordado por los vecinos del sector, inclusive por el mismo Apolinar que lo recuerda mientras se pone la mano en la cabeza:

-Era un hombre carismático, sabía escoger muy bien las películas para los Cine Clubes-.

Son las 6 de la tarde de un miércoles y me aproximo a entrar al viejo Teatro; tiempo atrás cualquiera pensaría que voy a cine pero no, voy a una misa de una iglesia evangélica de lema “Un hogar feliz”. Me aproximo a entrar y unos sujetos me miran de arriba abajo, nunca me han visto por allí, ellos están bien vestidos. Se me acerca una persona de aproximadamente 1.90 m de estatura y de impresionante aroma a canela a darme la bienvenida, me pregunta mis datos personales. – Soy periodista y hago una investigación sobre el antiguo teatro- digo. Uno de ellos muy amablemente me autoriza entrar, no sin antes escribir mis datos personales en una libreta.

Entré, habían asientos de cuero color rojo ocupados con un público que aplaudía y elevaba sus manos al cielo. Es un sitio inmenso que sin querer me trasladó a una época que no tuve la fortuna de vivir; los buenos años 70s y 80s. Me lo imaginé todo.  Fue una sensación medio rara, el aire se congelaba y a veces pareciera que la pantalla se iba a prender para proyectar una película, una de tantos éxitos.

Es una máquina del tiempo, un lugar lleno de recuerdos con varias generaciones atrapadas. Se me puso la piel de gallina, salí extasiado, emocionado, me embargaba la felicidad. No fui capaz de entrar a la ceremonia, no me sentía bien en un culto religioso que no es el mío, no me interesa. Concluí que no queda ningún indicio de que allí hubo cine, por el contrario, hay propaganda cristiana por todas partes y ni siquiera un teatro a reventar como en sus viejos tiempos.

Anteriormente ese lugar era una casa, la casa quinta de la familia Arango Lalinde, cuando recién se fundaba el barrio Granada.  A finales de la década del 60 pasaría a ser un teatro, el más “cachetudo” de la ciudad, donde entraban los “burguesitos” del norte a ver películas. Posteriormente pasaría a manos de Galindo Buenaventura, quien abriría un cine club. En los 90s el teatro murió y se encuentra estático, asustando a la gente que transita en el populoso lugar donde termina la mítica Avenida Sexta, estático añorando un rescate que se convierta en una salvación segura, o esperando que alguien le dé la bendición cristiana para que descanse en paz.

El cine siempre ha sido parte fundamental de la ciudad, tanto así que Cali ha sido epicentro de este arte a nivel nacional. Los caleños siempre han sentido un amor especial por el cine, el público caleño iba por gusto a verse una buena película.

Apolinar cierra los ojos y comienza a pensar y recordar los teatros a los que él asistía, -eran muchos los teatros de barrio- comenta. Teatro Colombia, Teatro Colon, Teatro Bolívar, Cinema 1 y Cinema 2, San Fernando, Teatro el Cid y Teatro México son solo algunos que recuerda. Todos se acabaron ya, de algunos ya no queda nada y de los que quedan son iglesias cristianas, -los teatros tristemente se trasladaron a los centros comerciales-, comenta Apolinar tartamudeando.

La gente venía a cine y no le daba miedo venir en la última función, no había el peligro que hay ahora, se hacían unas filas enormes que daban la vuelta para ver las mejores películas. Aparte, el teatro adentro siempre fue muy cómodo, la gente venía en familia– afirma.

Los teatros de barrio se acaban, ya los mendigos duermen en las entradas del Calima y los pastores evangélicos se apoderan de la mayoría de los teatros, este no se escapa. Hoy, este fantasma frente a la antigua casa ‘Felisa’ nos invade de nostalgia, pues sólo falta que las letras oxidadas y rucias que la rotulan ‘Calima’ se caigan de lo viejas y mugrosas, o lo que es peor, que alguien venga y las quite.

Teatros como el de Calima terminaron porque –la gente ya prefería pagar más caro en un centro comercial que te da más comodidad- dice un personaje que se acerca a comprarle a Apolinar mientras se pone un cigarro en la boca.


Es verdad. La inseguridad, acompañada de la televisión y la construcción de centros comerciales con teatros de mayor comodidad llevó al Teatro callejero a la ruina- eso lo afirma el historiador Francisco Zuluaga también amante del cine.

El Calima es un fantasma, un fantasma que acecha la escrupulosa y escandalosa Avenida Sexta, un fantasma que se va quedando poco a poco sin amigos ni conocidos, pues ya muy pocos quieren vivir cerca de este lugar por la cantidad de prostitutas, mendigos y ladrones que junto con el ruido lo hacen un infierno, ya muy pocos se acuerdan lo que fue este monumento y templo del séptimo arte. ¡Pobre del Calima!, pareciera que mientras Apolinar me da la espalda y se aleja cada vez más, las letras que dicen Calima se fueran al piso. Un tipo viejo de sesenta años que se aleja y junto a él el recuerdo del Teatro. ¡Adiós Calima! Ojalá y algún día te rescaten.

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Una respuesta

  1. Excelente aporte. ¡Felicitaciones 😀

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