“Todo nos llega tarde”. Repaso por la historia del ‘Noveno Arte’ en Colombia.

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El Cómic: un arte sin mucho registro en nuestro país.

Hace 92 años un caricaturista de nombre Adolfo Samper publicaba en el periódico Mundo al Día de Bogotá y en plena época de oro en EE.UU y Europa, la primera historieta hecha en Colombia: “Mojicón”. Hoy, muy lejos de lo que uno creería, el país es de los que menos desarrolló esta cultura considerada como noveno arte luchando durante muchos años por no estar al mismo nivel que la pornografía como lo plasmaba la ley 98 de 1993.

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Movimiento Noveno Arte Colombia.

Una noche de insomnio como tantas otras escuchaba radio, me llamo la atención un programa cuyo tema del día era “¿cuál es la historieta que más le gusta o recuerda y por qué?” sin conocerlo sabía que el locutor era un furibundo amante del comics por la propiedad y el amor con el que hablaba del tema, lo curioso fue que en la hora y media que lo escuché no llamó nadie a opinar y solo unos cuantos lo hicieron vía internet. Fue entonces cuando comprendí que Colombia no solo es un país que no lee ni leyó comics, sino que tampoco los creó.

El ser humano siempre intentó comunicarse por medio de dibujos y figuras, pero fue Leonardo Da Vinci el primero que logró caricaturizar. Durante la revolución francesa se dio lo que se considera humor político a través de caricaturas que se extendería a lo largo de los años llegando incluso a nuestro país. Fue hasta 1895 cuando se da por primera vez la entrada de una caricatura que cumplía las tres condiciones (secuencia de imágenes consecutivas, permanencia de un personaje estable a lo largo de una serie, e integración del texto en la imagen) que identifican la historieta: The Yellow Kid publicado en el diario The New York World.

En Colombia, el caricaturista Adolfo Samper publicaría en 1924 la que se considera la primera historieta hecha en el país: “Mojicón”. Esta historieta publicada en el periódico Mundo al Día al parecer fue una iniciativa de su director Arturo Manrique, quien al ver el éxito de la historieta “Smithy” publicada en el diario Daily News de EE.UU le apostaría por una imitación en su periódico. En realidad fue una iniciativa interesante pero nada exitosa para una Colombia con unos niveles de analfabetismo muy altos y con una población que vivía en su mayoría en lo rural. El diario se cierra en 1931 y con el muere la historieta.

En las décadas siguientes se dieron igualmente varios intentos por impulsar la historieta, “Don Amacise” del mismo Adolfo Samper y algunas revistas para niños fueron algunos de esos intentos. Los colombianos no estaban preparados para recibir esta cultura y no hubo respuesta del público. En la década del cincuenta, también por la misma violencia que acarreaba el país por ese entonces, se dio un crecimiento en las grandes ciudades como Bogotá y Cali, Colombia pasó a tener mayorías urbanas pero ya no había quien hiciera comics por inexperiencia, discriminación y estigmatización que se le hacía desde la clase alta. Fue entonces, cuando en los años sesentas los directores de diarios vieron mejor su negocio trayendo tiras cómicas de otros países como EE.UU y México en vez de invertir en la producción nacional. Llegan a Colombia historietas como las de “El Hombre Araña”, “Tarzan” y “Superman”.

Es en esta parte precisamente donde encontramos a esa Colombia que poco a poco se va expandiendo en población, que va aprendiendo y entendiendo el concepto cultural de los comics, lo malo es que lo entienden con historietas norteamericanas y mexicanas, aunque ya para ese entonces se publicaría la tira cómica colombiana más exitosa y con mayor duración del país: “Copetín”. Fue publicado en 1962 (hasta 1994) por Ernesto Franco en el periódico El Tiempo de Bogotá.

El Tiempo - Ernesto Franco. Copetín.
El Tiempo – Ernesto Franco. Copetín.

Por otro lado, Cali comienza a ser protagonista en la producción de historietas desde la década del setenta cuando el diario El Pueblo de Cali publica “Ibana”, una tira que contaba la historia de una estudiante de antropología que pasaba su vida investigando leyendas de tesoros ocultos, todo gracias al guion de M. Puerta y los dibujos de Mc Comics. Mientras ya en el diario El País, la gente de Cali se entretenía con tiras como “Benitin y Eneas”, “Morgan”, “Mandrake”, “Don Pancho”, “Pepita”, “El Fantasma”, “Batman”, “Olafo el Amargado”, “Rip Kirby” entre otras; “Ibana” se acabaría por la poca acogida del público y el poco interés de las directivas de los diarios en invertir en lo nacional.

Cuando en Colombia apenas se estaba formando una cultura historietista con apoyo de las vertientes académicas universitarias, se empezaron a formar grupos y a fundar revistas independientes de poca circulación, pero en EE.UU, Europa y se podría decir que hasta en algunos países latinoamericanos como Argentina, México y Brasil ya se había pasado por este proceso hacía más de quince años. “…Todo nos llega tarde…” fue la cita con la que empezó la primera edición de la revista Click! de Cali especializada en comics que salió a finales de la década del setenta citando un poeta colombiano y en clara referencia a lo anterior.

La revista Click! duraría hasta 1984 logrando sacar exitosamente siete ediciones de forma trimestral. Es formada por grandes intelectuales caleños, algunos de ellos profesores de la Universidad del Valle como Ricardo Potes. Logran hacer la primera revista colombiana de crítica al comics nacional e internacional y ser los primeros en aportar información de historietas latinoamericanas principalmente argentinas. Esta revista fue la base de lo que vendría después en Cali, y la ciudad se convertiría junto con Bogotá, que por ese entonces también trabaja de manera independiente en las capitales del comics colombiano.

Este proyecto no finalizaría con la revista Click!, todo lo contrario, se fundaría en 1987 una revista experimental en la Universidad del Valle con el nombre de Gazapera, en ella trabajaría el mismo profesor Ricardo Potes junto con algunos estudiantes. Aunque la revista no duró mucho tiempo, sirvió para la creación del grupo “Tercer Milenio” que fundaría una revista con el mismo nombre. A pesar que esta revista sacaría muy pocos números, esto serviría para que años después algunos de estos estudiantes trabajaran en el Diario de Occidente en la sección dominical. De esta, la tira que más se destaco fue “Anarquito” de Warner Wallis, quien dice lo siguiente:

“Mucha gente me conoce es por lo que hice con “Anarquito” que salió en el Diario de Occidente, es un chico metalero de Cali que se la pasa en la calle y se sienta en la banca de un parque a hacer lo que todo muchacho allí sentado haría; filosofar”.

Imagen: Diario de Occidente - Warner Wallis. Anarquito.
Imagen: Diario de Occidente – Warner Wallis. Anarquito.

Hoy día, los herederos de estas décadas de caricatura en la ciudad, y nuevos historietistas hacen parte de la fundación Calicomix que cada año hacen exposiciones y publicaciones en salones de historieta y caricatura en la cual participan artistas de talla nacional e internacional, todo esto con el apoyo de la Cámara de Comercio de Cali, la Universidad del Valle, Comfenalco, Biblioteca Departamental, Universidad Santiago de Cali y el Banco de la Republica logrando que se conserve la cultura del comics en nuestro país y ciudad.

Por otro lado, el primero de enero de 2013 cae el “mico” de la ley 98 de 1993 que ponía al comics, novela grafica y la historieta al mismo nivel que la pornografía, crucigrama y los juegos de azar, lo que hacía que el comic en nuestro país no fuera rentable ni exitoso, pues por no estar al mismo nivel que la literatura debía pagar un impuesto para ser publicado y difundido dentro y fuera del país.

En pocas palabras, la historia del comics en Colombia es muy poca, y su tradición casi nula. Los historietistas tendrán que trabajar muy duro para seducir a las nuevas generaciones y no terminar con la cultura del llamado noveno arte en nuestro país, que aunque muchos no lo quieran es el hermanito menor del cine por mostrar unas narrativas con imágenes para contar una historia, y el hijo negado de la literatura por tener características de un guion cinematográfico.

Ya no existe el “mico” desde este año, solo les queda trabajo duro a los historietistas. “…Todo nos llega tarde”, pero “más vale tarde que nunca”.

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